viernes, 28 de octubre de 2011

MÁS DE LO MISMO

Este es un título, de por sí, demasiado amplio para dar a entender nada concreto sobre cómo se comporta el gobierno español o el aparato del estado –lo cual incluye a su jefatura- en cuanto a políticas varias. Somos un país, donde siempre y tediosamente encontramos por doquier “más de lo mismo” y “más de los mismos”. En este sentido, no sorprende en absoluto la visita oficial, por un lado, y oficiosa, por otro, de Sus Altezas los Príncipes de Asturias a Israel y a Palestina respectivamente, así como su rápida, pero obligada visita de cortesía a Jordania.

El País abre su crónica de hoy sobre el viaje de la siguiente manera: “aunque el Príncipe no es jefe de Estado y Palestina no es un Estado”. Con lo cual, poco más se puede añadir a la extraña manera de enfocar las relaciones diplomáticas de este país nuestro. Añade El País a mitad de crónica –en la que se puede notar un tonillo victorioso y alegre, muy distinto de su crónica de ayer en la que los príncipes visitaban Israel- que se trata de un hecho sin precedentes, ya que en el mundo hay muchos estados no visitados todavía por ningún miembro de la familia real española, pero un no-estado, como es el caso de Palestina, ya goza de ese honor.

Así las cosas, creo que no hay que ahondar mucho más en el tema. Los vicejefes del estado español han visitado, con dinero patrio, puesto que se trata de visita oficial, un estado que no lo es (¿qué diríamos si Cataluña o el País Vasco hicieran lo propio con los reyes de Noruega, por ejemplo?). Se han dejado agasajar con los honores de himno nacional, así como con la obligada recepción de representantes políticos y religiosos del lugar, con objeto de, digamos, “extender la paz por el mundo” y darle titulares a los medios antiisraelíes españoles, que son prácticamente todos. En la crónica que estamos mencionando, había un par de frases preciosas sobre el muro de separación entre Israel y Palestina, pero, curiosamente, ninguna mención al último atentado terrorista en Jerusalem. Siguiendo con su periplo, los príncipes han viajado a Jordania para congraciarse con la llamada monarquía hachemí, en un intento por averiguar quién es más Rania, si la propia que viste y calza, o nuestra glamurosa doña Letizia, ya que entendemos que no ha habido ninguna mención a las revueltas del pueblo jordano contra su anquilosado régimen. Nuestra Trinidad se ha deshecho en elogios al momento histórico que se vivía -no por Israel, claro, sino por Palestina-, ya que se guarda muy mucho de contrariar a los que le caen bien, tengan o no tengan a su población civil muerta de hambre o sin posibilidad de opinar, so pena de cárcel.

Como conclusión, ni siquiera voy a entrar a lamentar lo triste que resulta que los herederos a la corona no sepan ni pronunciar correctamente el nombre hebreo “Baruj” (si no se lo creen, echen mano de hemeroteca en los últimos Premios Príncipe de Asturias. Y eso que dicen que ella le prepara muy bien los discursos). O que no se molesten en felicitar el próximo Pésaj a todos los ciudadanos judíos de Israel, incluyendo a sus representantes políticos, que, pese a quien pese, también son judíos. O que en sus discursos caigan en los manidos lugares comunes sobre la Shoah o lo mucho que sentimos los españoles la expulsión de 1492: ¿de verdad lo sentimos? Dejemos de una vez el cinismo a un lado.

Simplemente diré que, por un vez, y visto que Su Majestad el Rey está en vías de jubilarse, podríamos aprovechar la ocasión y cambiar nuestras formas antediluvianas de relacionarnos con el mundo. Los jefes de estado en ciernes podrían analizar qué es lo que más le conviene a España de cara al futuro, en lugar de perderse en un dejà vu permanente. Si don Juan Carlos es muy amigo de la monarquía jordana, pongamos por caso, pues muy bien. Eso no justifica que no cambiemos nuestra política actual hacia la misma. Si históricamente nos hemos puesto del lado de Palestina porque sí o por judeofobia, pues estupendo, pero quizás sea el momento de ver si Israel lo hace mejor en casi todos los ámbitos o si, incluso, está creando puestos de trabajo para científicos españoles, ya que nuestra patria es un desierto de I+D.

Estimados príncipes, lo siento, pero no me vale. Es más de lo mismo.