jueves, 28 de noviembre de 2013

HAPPY THANKSGIVUKKAH TO ALL!

Ayer fue un día singular en EE.UU., ya que su presidente, Barack Obama, aprovechó el tradicional acto de “indulto” a los pavos que no serán sacrificados en Acción de Gracias, para felicitar a los judíos la Janucá. Con su habitual perspicacia y verborrea -cualidades que hay que reconocer que tiene el mandatario-, acuñó un término propio: la “Thanksgivukkah”, ya que, raramente coincide el Thanksgiving norteamericano con la Fiesta de las Luces judía, que suele hallarse siempre más cerca de la Natividad cristiana.

El caso es que, sea dicho con más o menos convencimiento, lo que revela este término es la fabulosa koiné cultural o melting pot que está en la base de la mentalidad estadounidense y que tanto se echa de menos por estos lares, puesto que aúna la transversalidad cultural con el espíritu patriótico de “We are all Americans”. Así, todas las fiestas importantes de las “minorías mayoritarias” son felicitadas y todo el mundo participa en las celebraciones del vecino. No es extraño ver a niños baptistas en el Bar Mitzvá de sus vecinos judíos o a niños judíos atareados en la decoración de su clase con adornos navideños, igual de entusiasmados que los cristianos.

Es evidente que, tras estos convencionalismos sociales, también se encontrarán el desprecio o la indiferencia, barnizados con la típica hipocresía puritana -buen día para recordarlo- de los norteamericanos, pero no siempre. Y, aun en el caso de que esto fuera siempre así, vale la pena pasar por alto esta típica reacción humana de la inquietud frente a lo diferente en aras de que todos participen de la vida cotidiana de los demás. Estamos convencidos de que en la base de esta participación común en las celebraciones de los demás, un poso de amalgama e integración culturales va quedando en los individuos y en las sociedades. De hecho, EE.UU. no comenzó así su andadura como país, pero pronto descubrió que, si quería ser un país cohesionado, ése era el camino y no la creación de guetos para irlandeses primero, para italianos después o para hispanos en los últimos tiempos.

A propósito de esto y volviendo a Janucá, los macabeos no fueron, sin duda, los campeones del diálogo intercultural. Sin embargo, a su manera, les dijeron a los greco-sirios que el barniz helenista no podía ni debía ocultar la gloria de la cultura y de la religión israelitas, ya a las puertas del judaísmo del siglo I. Ellos lucharon denodadamente por la uniformidad cultural, pero, con el tiempo, y puesto que el helenismo era el “yankismo” actual, lo que consiguieron fue devolver el judaísmo a un Israel ya helenizado. Lo cual fue, en nuestra opinión, un acierto, porque cualquier judío de clase alta del siglo I acabó teniendo como lengua materna el arameo, pero como lengua de cultura el griego; como religión, el judaísmo, pero como filosofía interpretativa del mundo, la cultura clásica. Y, no nos engañemos, la rápida romanización de Judea y Samaria, sobre todo de Samaria, se debió sin duda al sustrato helenístico anterior que la soportaba. Aunque eso es otra historia...

Hoy, primer día de Janucá, 25 del mes de Kislev, después del encendido ayer de la gran Menorah en el Muro Occidental, algunos deseamos que “Un Gran Milagro Ocurra Aquí”, en nuestra vieja Europa, y especialmente en nuestra maltratada Sefarad, y que todos aprendamos que la integración cultural y el respeto al otro también pasan por acuñar términos en común y por estar aquí los unos para los otros y no ninguno para nadie, como viene siendo el caso en los últimos tiempos.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

UN NUEVO JARDÍN PARA SEFARAD

El pasado domingo 17 de noviembre, el programa Shalom, proyecto de comunicación de la Federación de Comunidades Judías de España que emite la 2 de Televisión Española, ofrecía un reportaje sobre el acto de inauguración del bautizado como Jardín de Sefarad de Ávila. Se trata del proyecto de rehabilitación del antiguo cementerio judío de la ciudad que ha sido descubierto, merced al hallazgo fortuito de unos restos humanos por parte de un niño de la zona. Ávila se suma así al conjunto de poblaciones españolas que han recuperado para la memoria y, desde otra óptica, para el cumplimiento de un precepto religioso judío, alguno de los cementerios que esta comunidad mantenía en suelo ibérico.

Si bien desde consideraciones artístico-culturales distintas y con mayor o menor fortuna en la preservación de los restos arqueológicos, la recuperación de estos antiguos “fonsarios” medievales ha contribuido al conocimiento de los ritos funerarios propiamente judíos, así como a una pequeña reparación del daño causado por los hechos que, culminando en la expulsión masiva de 1492, contribuyeron al olvido y al descuido de estos recintos de especial significación humana y religiosa.

Dejando a un lado las controversias surgidas entre arqueólogos y representantes religiosos judíos de la Jevra Kadisha a nivel europeo, lo cierto es que la generación de estos nuevos espacios públicos con posibilidades de divulgación de valores culturales e integradores debe ser visto como algo necesario, si se pretende dar pujanza y sentido a un patrimonio histórico-artístico que, en demasiadas ocasiones, prescinde de las realidades arqueológica e histórica para centrarse en imperativos turísticos y económicos, carentes de toda base real.

Vitoria, con su Judimendi, Segovia, con su Pinarillo, o diversos “montjuïchs” en Cataluña son magníficos ejemplos de cómo la ubicación, preservación e interpretación de los restos arqueológicos que la voz popular nos legó en forma de topónimos descriptivos son factibles y suponen un privilegio para las nuevas generaciones.

Aquellas poblaciones que conservan restos toponímicos fiables, a la par que datos en la documentación histórica, y que deseen optar por la inversión en patrimonio, sólo han de dotar de medios a los equipos arqueológicos y humanos que están deseando ponerse manos a la obra. Ejemplos de estas posibles recuperaciones y puestas en valor de restos materiales podría ser el proyecto que, en torno al bosque de Valorio de la capital zamorana, se ha intentado poner en marcha desde 2010 sin demasiado éxito. Asimismo, la excavación completa de la judería de Lorca, situada en una zona relativamente aislada y fuera del trazado urbano de la ciudad -con lo que no habría necesidad de alterarlo- podría culminar con la ubicación del cementerio judío, del cual los arqueólogos sospechan su situación y están a la espera de poder prospectar y excavar posteriormente.

En cualquier caso, y pese a las dificultades emanadas de la actual coyuntura económica, vaya nuestro reconocimiento para todas aquellas personas e instituciones que de manera sincera y altruista desean restituir a su verdadero lugar todo lo sagrado que un día se enterró en Sefarad y que hubo que abandonar a la carrera y con lágrimas en los ojos, camino de un exilio incierto.