lunes, 5 de diciembre de 2011

¿IDOLATRÍA?

Ha muerto el Rab Nosson Tzvi Finkel, popular y estimado rabino ortodoxo de origen estadounidense y cabeza de la famosa Mir Yeshivá. Descanse en paz.

No relataré ahora su vida, pues para eso están la wikipedia y un sinfín de fuentes más. Simplemente hago referencia a su fallecimiento para cuestionar la parafernalia que ha conllevado y las controversias que el tratamiento de la noticia ha generado, una vez más, entre la comunidad más ortodoxa, que por criticar, ha llegado a criticar el hecho de que el Jerusalem Post publicase la noticia un día después de producirse. Parece que cuando quieren, los más ortodoxos sí leen periódicos o utilizan la tecnología...

Sólo hay que ver las fotos del funeral para darse cuenta de la magnitud del acontecimiento: cien mil personas portando el cadáver del rabino, envuelto y sobre una camilla, desde su casa hasta su Mir Yeshivá.








Dadas las circunstancias, me pregunto por qué todo esto. Entiendo perfectamente que el Rab Finkel fuese uno de los rabinos más importantes, queridos y carismáticos, y estoy seguro de que su pérdida deja un recuerdo imborrable y un hueco quizás imposible de cubrir. ¿Pero es necesario volverse locos por ello y andar paseando el cadáver envuelto y encamillado por todo Mea Shearim? Por favor, respetemos a los muertos y dejémoslos descansar, que la manera de la que se ha procedido es más propia de los árabes que de los judíos.

Aún más: creo sinceramente que es muy importante que las manifestaciones de cariño, apego, o incluso amor a una persona, por grande que ésta sea, no sobrepasen nunca cierto límite. Pues a menudo corren el peligro de convertirse en actos de idolatría. Sí, idolatría. Como peregrinar a Umán cada Rosh Hashaná a visitar la tumba de Najman de Breslov... Como dejar de cumplir un montón de mitzvot realmente importantes (¿amar al prójimo?) para cumplir a rajatabla 3 o 4 de ellas, rozando lo enfermizo... Como poner el Kotel o la Torá, consciente o inconscientemente a la altura de Dios...