sábado, 28 de julio de 2012

SEMBLANZAS DE TOLEDO

I. SAMUEL HALEVÍ ABULAFIA.

Dice Yitzjak Baer en su enciclopédica y fundamental Historia de los judíos en la España cristiana que, cuando detuvieron a Samuel Haleví y a todos los miembros de su familia en 1360, los enviados reales se incautaron, entre otros muchos bienes materiales, de ochenta esclavos musulmanes, que eran propiedad del magnate. La anglófona Jewish Enciclopaedia, por su parte, se hace eco de esto también y desgrana con minuciosidad todo lo que, estando en posesión de la familia Haleví, fue decomisado en las horas que siguieron a la detención y posterior encarcelamiento del, hasta entonces, poderosísimo tesorero real de Pedro I. Un tesoro digno de la alta nobleza de aquel entonces, que consistía, entre otras muchas pertenencias, en nada menos que ciento noventa mil doblones de la época, veinte cajas repletas de joyas y ricas telas y multitud de tierras en los aledaños de Toledo y de Sevilla.

De este singular estadista judío, cuya trayectoria política y profesional constituye, sin duda, una de las cimas de su pueblo en la vieja Sefarad y, quizás, por su cercanía con los funestos sucesos de 1391, un esplendoroso canto de cisne, poco sabemos a nivel personal. Las fuentes sitúan su nacimiento en torno a 1320 y su trágico final en noviembre de 1360, pero escasos son los datos que nos dibujan algo más que lo estrictamente público del personaje, lo cual no es poco, dada su condición judía.

En el Toledo de la época y de la Edad Moderna, quedaron reminiscencias toponímicas relacionadas con este personaje, toda vez que se hablaba del “palacio del judío”, en las inmediaciones de la actual sinagoga del Tránsito, en tiempos, de Samuel Haleví, ya que fue su munificencia la que posibilitó la obra. Asimismo, fue su poder en la entonces corte el que hizo posible que esta sinagoga fuera esplendorosa en ejecución y compitiese en envergadura con algunas iglesias toledanas, saltándose la ley cristiana en este sentido. Damos por hecho que, si el mecenas hubiera sido otro, con menos poder en el sancta sanctorum del rey y de su concubina, doña María de Padilla, probablemente hoy en día no disfrutaríamos de la presencia, siempre impactante, de este gran edificio.

Don Samuel perteneció a la aristocrática estirpe de los Abulafia Haleví, avecindados en Toledo probablemente desde los tiempos de Alfonso VI o, quizás, antes, junto con las estirpes de los ben Waqar y de los ben Shoshan, o Abenxuxen. No olvidemos que el Toledo andalusí contaba con muchas familias judías, que, tras la conquista cristiana, decidieron quedarse y probar suerte como traductores y notarios públicos, por su extenso conocimiento del árabe, como almojarifes -tesoreros, recaudadores- o alfaquim -médicos- y, en fin, como conocedores e intérpretes del viejo orden musulmán para los nuevos dominadores cristianos. Sin su aportación, muchas veces resaltada, pero pocas veces comprendida, los reyes cristianos hubieran tenido que prescindir del refinamiento institucional, cultural y social de Al-Andalus, pues los repobladores cristianos que estos reyes trajeron a las nuevas tierras, recios campesinos de la meseta como eran, poco habrían podido aportar en esta dirección.

Así pues, don Samuel debió estar emparentado con grandes figuras de la judería toledana, entre las que podemos destacar al rav y juez mayor de la aljama, Todros ben Yosef Haleví Abulafia, de tiempos de Alfonso X el Sabio, o al poeta Todros ben Yehuda Haleví Abulafia, que describió en sus poemas la relajación moral de la aljama de su tiempo y que llegó a ser discípulo del rabino Yona Girondí de Gerona.

Siendo como era un aristócrata judío, si se nos permite la licencia, estaba llamado a desempeñar un papel central tanto en los círculos de la corte cristiana, como en el interior de la propia aljama. Y así fue como llegó a ser almojarife mayor del reino -tesorero mayor-, diplomático y hombre de confianza del malogrado Pedro I, el último de los reyes de la antigua dinastía castellano-leonesa. No obstante, y como su condición determinaba en gran medida, cayó en desgracia súbitamente y el final de su vida y de la de sus familiares fue trágica, precipitándose al vacío desde lo más alto.

En la actualidad, y con la restauración de la Casa Museo del Greco, han salido a la luz unos subterráneos que debieron pertenecer a la casa palaciega de don Samuel. Se trata de dos niveles, que aún siguen excavándose, pero que ya son visitables y que se encuentran en los jardines del museo mencionado, frente a la antigua casa del marqués de la Vega-Inclán.

En la visita, su oscuridad concita el misterio que rodeó la vida de este emblemático personaje de Toledo, al menos para la posteridad, que nunca sabrá el porqué de su caída en desgracia. Aunque quizás también para sus contemporáneos fuera misterioso un desenlace tan abrupto y truculento como colofón a tan brillante trayectoria vital. Ninguno de sus coetáneos pudo entender entonces por qué alguien que había llegado tan alto, había caído en desgracia de tal manera que nada ni nadie pudo arrebatarle a las mazmorras reales sevillanas, donde fue torturado hasta la muerte, víctima de una conspiración orquestada por judíos, que nunca pudo aclararse.

No hace mucho, el ayuntamiento de Toledo ha tenido a bien colocar una efigie del que pudo ser don Samuel frente a las que fueron su casa y su sinagoga. Se trata de una efigie de mirada dura e impenetrable, que, junto a una Torah simbólica, parece custodiar el espacio de sus antiguas habitaciones y las de sus correligionarios. Un semblante que parece retener algo de la fuerza de aquella personalidad arrolladora y dominante que debió de ser don Samuel Haleví Abulafia, un castellano más, de bendita memoria.